Muerte en el Castillo

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Levantas la tapa de uno de los cajones con tanta facilidad como si estuvieras pelando una naranja madura. Las húmedas tablas se te deshacen en las manos y sus trozos caen sobre los deslustrados platos de peltre que hay en el interior del cajón. De una patada rompes el lateral de otro cajón, oyendo el sonido de porcelana rota. Ese cajón está lleno de antiguos jarrones de Kakush, tal vez parte del cargamento de un barco que se hundió en los arrecifes hace más de diez años.

Estás a punto de marcharte cuando algo inusual te llama la atención: por debajo de un tonel vacio sobresale el extremo de un cilindro como los que se utilizan para guardar mapas. A diferencia del resto de los objetos de ese almacén, que están sucios y deteriorados, el cilindro de cobre está limpio y nuevo. Una vez abierto, vuelcas el contenido en la palma de tu mano: un pequeño trozo de pergamino y un Diamante (puedes guardarte este objeto especial en el bolsillo). El pergamino muestra una serpiente con un gran ojo, dibujada en tinta roja. Está enrollada alrededor del número 123. Anota este número en el margen de tu Carta de Acción—puede serte útil más adelante.

Convencido de que en ese cuarto no hay nada más que pueda tener utilidad o interés para ti, sales hacia la escalera.

Pasa al 11.

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