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Tu luz ilumina la húmeda penumbra del pasadizo. Inmediatamente delante de ti ves una caverna, de cuyo techo abovedado penden rezumantes estalactitas, como gruesas lanzas de piedra blanca. Pisando con gran precaución avanzas por la caverna. Sientes en la piel un agudo picor, cuando unos sonidos peculiares emanan de las sombras.
Recorres un sinuoso camino a través del laberinto de túneles, resbalando en rocas cubiertas de musgo, raspándote la cabeza en techos bajos y teniendo que subir y bajar a gatas montículos y terraplenes hasta que llegas a una cámara de lisas paredes labradas con precisión en la dura roca. Una escalera asciende a través de un arco a tu izquierda y enfrente de ti divisas una puerta de piedra maciza.
Si quieres examinar la puerta de piedra, pasa al 274.
Si prefieres subir por la escalera, pasa al 193.
