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Haciendo acopio de tus reservas de poder psíquico, lo concentras sobre el tronco que cae hacia ti. Logras disminuir la velocidad de su caída e introducir uno de sus extremos en un agujero del primer peldaño de la escalera al otro lado del boquete. Durante unos instantes el tronco permanece vertical y luego empieza a oscilar de un lado a otro como un gigantesco metrónomo, hasta que se derrumba sobre el boquete haciendo un enorme estruendo. Cuando el polvo se aclara, puedes ver un puente perfecto. Sin perder tiempo, lo cruzas y rápidamente subes las escaleras que te separan de la brecha abierta en la muralla de la fortaleza.
