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El guerrero no hace el menor intento de defenderse de tu ataque y tu golpe se hunde profundamente en su desprotegido pecho. Te mira con incredulidad, llevándose las manos a la herida y cayendo de rodillas.
-¿Por qué? -pregunta en un estertor, mientras sus párpados se cierran.
Las negras criaturas lanzan un aullido de júbilo enloquecido. Cuando el guerrero se precipita en el humeante abismo, las criaturas avanzan hacia ti con largos y ágiles saltos.
Si quieres permanecer donde estás y luchar contra esas criaturas, pasa al 249.
Si prefieres evitarlas escapando por la arcada opuesta, pasa al 241.
