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Le hablas de tu misión y de la ayuda que te han prestado los Ancianos Magos para poder entrar en Kazan-Oud. Cuando le cuentas tu viaje por aire hasta Herdos a bordo de la nave celeste de lord Paido, observas que los ojos del ciego se llenan de lágrimas.
-Me llamo Kasin -te dice con gran tristeza-. Lord Paido es mi hermano.
Sientes compasión de este infortunado guerrero, pues sabes que está condenado a morir. La ceguera se presenta en la fase final de la takadea, la enfermedad que está haciendo estragos en su cuerpo.
-A mí ya nada puede ayudarme -sigue diciéndote con gesto dolorido-, pero yo puedo ayudarte a ti en tu misión, Señor del Kai. Escucha atentamente. Al final de este corredor hay una escalera que desciende hasta el Salón del Trono de Zahda. A la entrada del salón, un tapiz oculta un pasadizo secreto que conduce al trono de Zahda. Sobre el trono está la Piedra de la Ciencia que buscas. Pero ten cuidado. Zahda la ha acoplado a una gema mágica del reino de Naaros: de esta gema maldita extrae Zahda su poder. Si quieres triunfar, debes destruir antes esa gema; de lo contrario morirás. Por desgracia no puedo ayudarte a escapar de Kazan-Oud, pues a mí me capturaron mucho antes de llegar a la superficie. Pero si alcanzas la playa, dirígete al viejo malecón de piedra. Debajo de sus peldaños está el lugar donde escondí mi barca.
Te agarra la mano en gesto amistoso. Su rostro denota ahora tranquilidad y paz.
-Si vuelves a Elzian, di a mi hermano que mi muerte no ha sido inútil. Que los dioses te protejan, Lobo Solitario.
El ruido de guardias que se acercan te obliga a abandonar la celda. Al cerrar la puerta, prometes a Kasin que su valentía se recordará siempre en las leyendas de los vakeros, sus compañeros de armas.
