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Jirones de humo empiezan a elevarse de los cadáveres. De repente uno de éstos estalla en llamas. Saltas rápidamente por encima de la losa, alejándote del calor y del sofocante humo, mientras las otras criaturas son devoradas por un violento fuego.
Siguiendo por el túnel te encuentras con el guerrero. Está sentado en cuclillas, con las manos apoyadas sobre el pomo de su espada. Cuando te ve, una ancha sonrisa aparece en su rostro sin afeitar.
-Tengo que reconocer que eres valiente. No he conocido a nadie que se enfrentase a tres hambrientos Dhax.
Se pone de pie, envaina la espada y te tiende la mano en gesto de amistad.
