Muerte en el Castillo

335

Un tipo raquítico y jorobado, que viste una túnica con capucha, se acerca a la plataforma sobre la que tú estás, maniatado a la pared. Con la destreza que da la práctica te despoja rápidamente de todas tus armas y se las entrega a un enano de feo rostro que le acompaña. El enano dirige a la Espada del Sol una mirada valorativa: después la levanta sobre su cabeza para enseñársela a su señor. Pero antes de que pueda decir nada, un rayo de energía brota súbitamente de la empuñadura. El enano lanza un grito de dolor, dejando caer la espada y agarrándose con la otra mano los dedos quemados, a los que ahora les falta la mitad. No eres capaz de reprimir una sonrisa, pero tu insolencia encuentra un inmediato castigo; el tipo encapuchado te da un puñetazo en el rostro, abriéndote una brecha en la mejilla (pierdes 1 punto de RESISTENCIA).

-Llevadle al laberinto -ordena Lord Zahda- y dejadme a mí la Espada.

La Espada del Sol se alza por el aire y se dirige hacia el trono envuelta en una nube azulada. Mientras eres arrastrado, bien atado con cadenas, fuera de la sala, en tus oídos resuena la risa cruel de Zahda y te invade el temor de que tu misión esté ahora condenada al fracaso.

Tacha en tu Carta de Acción todas las armas y objetos especiales que puedan servir de armas, pero anótalos en una hoja de papel aparte por si los recuperas en un momento posterior de tu aventura.

Luego pasa al 286.

Project AonMuerte en el Castillo