309
El descenso es lento y penoso. Las piedras desprendidas de las murallas de la fortaleza han destruido gran parte de los escalones y además tienes que protegerte de la lluvia de lava y piedra pómez que arroja el interior de Kazan-Oud. Te parapetas donde puedes, pero no te atreves a permanecer mucho tiempo en ningún lugar por miedo a quedar atrapado en una grieta o en un desprendimiento de rocas.
Cuando llegas a la playa, tu capa y tu capucha están carbonizadas y las suelas de tus botas casi derretidas. Muchas de las criaturas del castillo han escapado antes que tú y ahora se amontonan en la playa, desgarrándose y mordiéndose unas a otras, enloquecidas por el terror. El lago está lleno de cuerpos muertos y la negra arena de la playa apenas se ve bajo la alfombra de cadáveres. Apartas como puedes a las furiosas bestias, pero comprendes que permanecer en la playa sería suicida.
Si quieres trepar al acantilado y lanzarte desde allí al lago, pasa al 254.
Si prefieres dirigirte hacia el viejo malecón de piedra, pasa al 122.
