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Con gran cautela cruzas el suelo de losas agrietadas del Gran Salón, con los músculos y nervios tensos por si captas alguna señal de peligro. El sonido constante de agua que gotea en algún sitio y el ulular de la tormenta contribuyen a reforzar la desolación de la cámara. Una maraña de zarzas espinosas trepa por las paredes, enroscándose alrededor de los marcos podridos de las pinturas y entreverándose en los deshechos tapices.
Encima de la chimenea cuelga un gran espadón anariano con la hoja de acero apuntando hacia un lado. Tu mirada se traslada del espadón a las sombras de la chimenea y divisas un bulto que yace en el hogar. Al acercarte descubres que es el cadáver de un hombre. Detrás de él hay un panel que su cuerpo mantiene abierto. Mirando dentro de la abertura, vislumbras una escalera que desciende y desaparece en la oscuridad.
Si quieres examinar el cadáver, pasa al 146.
Si prefieres explorar el pasadizo secreto, pasa al 11.

