Muerte en el Castillo

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Aplastándote contra la pared del túnel, utilizas tu habilidad para enmascarar el calor de tu cuerpo. Las viscosas culebras se arrastran entre tus pies y se te enrollan a las piernas produciéndote horribles náuseas. Pero para ellas tienes tan poco interés como las frías y húmedas losas de piedra que cubren el suelo del túnel. Las culebras se alejan, dejándote asqueado, pero ileso.

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