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Saltáis al tiempo por encima de la losa y rodáis por el suelo al otro lado. Las criaturas se ríen de un modo horrible, levantan sus fuertes brazos y extienden sus dedos palmeados sacando unas garras curvas como mortíferos cuchillos. Su sed de sangre les impide advertir el peligro que se esconde bajo sus cascos y se lanzan al ataque.
En un instante su risa se convierte en lamentos cuando la losa se hunde y ellas desaparecen por el agujero, aullando mientras caen a plomo por un profundo y oscuro abismo.
