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Resbalas y caes, pero milagrosamente consigues agarrarte a la plancha invisible. Las piernas te escuecen (pierdes 2 puntos de RESISTENCIA), pero no haces caso del dolor y concentras todo tu esfuerzo en encaramarte a la plancha. Cuando lo has logrado, el chasquido del látigo resuena una vez más y te inflige una punzante herida en la espalda (pierdes otro punto de RESISTENCIA).
Cuando el látigo chasquea una tercera vez, ya sólo corta el aire, pues estás fuera de su alcance.
