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La fuerza de la Disciplina del Magnakai te permite superar el dolor que te hace estallar la cabeza y rápidamente recuperas el total control de tu cuerpo. Recoges el arma del suelo de negra y ardiente arena y de un golpe cortas la punta de la lengua a la esfera. En vez de sangre, o lo que podría pasar por sangre en el cuerpo de esa horrible criatura, brota una llama chisporroteante. El cerebro deja de moverse y se queda flotando en el aire sobre la arena, mientras la llama quema implacablemente el delgado filamento de carne herida.
