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Un grito de furor enloquecido resuena detrás de la rejilla cuando la culebra gigante se desploma sin vida en el suelo. De repente comienzan a caer a tu alrededor rayos de fuego rojo que resquebrajan las piedras del suelo y reducen a cenizas todo lo que tocan. Gateas por encima de la culebra y te precipitas en el túnel para evitar esa lluvia mortífera.
Con gran consternación descubres que el túnel no es más que una cueva poco profunda que alberga una nidada de huevos, cada uno de ellos tan grande como un barril de cerveza. Los huevos descansan sobre un montón de fardos y ropas desgarradas, todo lo que queda de aventureros que fueron víctimas de las trampas de Kazan-Oud.
Si deseas examinar esos objetos más detenidamente, pasa al 148.
Si prefieres buscar un medio de escapar de ese túnel, pasa al 346.
