Muerte en el Castillo

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Sobresaltado, recobras el conocimiento e instintivamente echas mano de tu arma por si te acecha algún peligro. Te sientas para examinar el lugar donde te encuentras. Una sorda vibración retumba en tus oídos.

Estás sobre un montón de plantas podridas, en el rincón de una oscura cámara. Hay un fuerte olor a reptiles, el inconfundible hedor de las culebras. Cuando tus ojos se acomodan a la penumbra, percibes entre el lodo que cubre el suelo lo que parecen ser huesos humanos. Un rayo de luz que desciende desde una rejilla del techo ilumina unas costillas, dos calaveras y varias vértebras. La luz parpadea y, por un segundo, crees vislumbrar a través de los barrotes de hierro una cara semejante a una calavera. Una carcajada escalofriante hiende el silencio y sientes que el pánico se apodera de ti. Pero no es el sonido de la inhumana carcajada lo que te hiela la sangre, sino la vista de una colosal cabeza en forma de cuña que se alza del montón de plantas sobre el que estás sentado: es la cabeza de una gigantesca culebra.

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Te pones en pie de un salto y corres al rincón más lejano de la cámara. El corazón te late desbocado cuando la culebra se eleva casi hasta tocar el techo y su lengua bífida se agita frenéticamente bajo un solo ojo amarillo que ocupa el centro de la escamosa cabeza verde. De nuevo, la cruel carcajada resuena en la cámara cuando el monstruo sale de su nido y se desliza hacia ti.

Si posees la Disciplina del Magnakai del Control Animal y has alcanzado el rango de Primado, pasa al 137.

Si tienes un Arco y decides usarlo, pasa al 7.

Si no tienes un Arco ni dominas el Control Animal, pasa al 301.

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