Muerte en el Castillo

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Cuando el último enemigo cae muerto a tus pies, una sección de la pared se abre y por ella aparece un feo enano barbudo que lleva un sucio jubón de terciopelo negro. Sus ojos cerdunos hacen un guiño malévolo, mientras levanta un tubo de bronce que apunta hacia tu rostro.

-Dulces sueños -dice.

Y de un extremo del tubo sale disparada una nube de vapor helado que te acierta de lleno en el rostro. Retrocedes tambaleándote, tosiendo y experimentando una sensación de ahogo a medida que el acre vapor penetra en tus pulmones. Cuando caes en la cuenta de que has inhalado un poderoso gas somnífero, ya estás sucumbiendo a su irresistible poder.

Pasa al 165.

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