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Con los pulmones a punto de estallarle por falta de aire, asciendes a la superficie y nadas hacia las rocas de la orilla. Después de salir del agua helada, sin aliento y exhausto, te sientas junto a una hilera de enormes cantos rodados, medio enterrados en la negra arena, y haces inventario de tus posesiones. Has perdido dos objetos de la mochila y toda la comida se ha estropeado al contacto con el agua infecta (tacha en tu Carta de Acción todas las comidas y 2 objetos de la mochila que tú elijas).
Apenas has recuperado el aliento cuando oyes un ruido como si alguien arrastrara un gran peso entre las rocas a tu izquierda. En la superficie del canto rodado más cercano aparece una grieta vertical, de la que sale una débil luz amarillenta. No es un canto rodado: ¡estás contemplando un gigantesco ojo!
Si quieres sacar tu arma y atacar al ojo, pasa al 265.
Si prefieres ponerte en pie de un salto y escapar hacia la base rocosa de Kazan-Oud, pasa al 41.
