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Mucho antes de que consigas obligar a la mano a soltar su presa y retirarse, herida y sangrando, en la oscuridad del túnel, Tavig ha dejado de gritar. Su cuerpo yace inmóvil a tus pies. Te agachas, le cierras los ojos y le colocas su espada sobre el ensangrentado pecho, como es costumbre en el país de Slovia cuando un guerrero sucumbe en la batalla.
Si decides abandonar el cadáver y seguir adelante, pasa al 323.
Si eliges registrar el cadáver, pasa al 227.
