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Un montón de cenizas es todo lo que queda del hombre en llamas. Después, tan súbitamente como aparecieron, los chorros de fuego se apagan, dejando en el pasadizo delante de ti un brillante y caliente vaho. Encima de ti resuena una risa fría y distante que te hace maldecir a Lord Zahda y su mortal laberinto.
