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Con toda tu fuerza de voluntad ordenas a la culebra que no se acerque más. Su gran ojo te dirige una mirada gélida y la raja de su pupila se estrecha y se dilata a cada latido de su malvado corazón. La cabeza se balancea encima de ti, dudando si atacarte o no. pues tu Disciplina del Magnakai ha sembrado la vacilación en su mente, bloqueando el deseo primario de arremeter contra ti y devorar tu cuerpo de sangre caliente. Mientras el monstruo oscila de un lado a otro, vislumbras en la pared opuesta un pequeño túnel, que la culebra y su nido te ocultaban. La vista de este posible medio de escape dispersa momentáneamente tu concentración: la culebra se estira hacia adelante para embestirte. Pero tu rapidez de reflejos le salva de sus venenosos colmillos. De mala gana la culebra obedece tu orden y se retira al centro de la cámara, donde se echa haciéndose un ovillo como si fuera a dormir.5
Si decides atacar a la culebra, pasa al 219.
Si eliges bordearla y entrar en el túnel, pasa al 260.
