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Un chirrido metálico resuena a lo largo del túnel cuando los engranajes de hierro entran en acción.1 Muy despacio, el rastrillo se eleva hasta el techo. Sin perder tiempo, te agachas bajo los puntiagudos barrotes y te alejas corriendo por el pasadizo que hay al otro lado del rastrillo.
Las ratas huyen chillando mientras avanzas por las resbaladizas losas. Sus patas arañan las húmedas rocas y sus colas dejan surcos en el verde y apestoso cieno que cubre la superficie del suelo. El pasadizo se ensancha al acercarse a una escalera que conduce a un nivel inferior. Cuando llegas a la mitad de la escalera, espantas a una colonia de murciélagos que anida en el techo. Lanzando furiosos aullidos se arremolinan alrededor de tu cabeza, golpeándote con sus alas y mordiéndote con sus agudos y afilados dientes.
Si posees la disciplina del Magnakai del Control Animal o de la Acometida Psíquica, pasa al 180.
Si no dominas ninguna de estas dos disciplinas, pasa al 285.

