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-Si nos quedamos aquí, podemos darnos por muertos -te dice el guerrero con un marcado acento de los Stornlands-. Ven, busquemos un túnel más seguro antes de que suelten un Trakka. Si descubre nuestro olor, pronto tendremos una horda de bestias de Zahda pisándonos los talones.
Sigues al hombre por un laberinto de túneles y cámaras, bajando cuestas y escaleras hasta los niveles más profundos de ese mundo subterráneo. No habláis una palabra hasta que finalmente os paráis a descansar en una pequeña y mohosa cámara. Su entrada está parcialmente oculta detrás de un desprendimiento de rocas de color escarlata.
-¿Cuánto tiempo llevas recorriendo estos túneles? -te pregunta tu compañero.
Al responderle que estás en Kazan-Oud sólo desde hace unas pocas horas, en su cara aparece un gesto de sorpresa seguido de otro de decepción.
-Si hubiera sabido que estaba tan cerca de la superficie, me habría quedado allí y habría luchado contra los Dhax -dice agachando la cabeza y mirando abatido al suelo.
Continúa diciéndote que se llama Tavig y que procede de Suentina, una ciudad del país occidental de Slovia. Hace más de un año su hermana fue capturada por Sadzar, el negrero de Gzor, cuando el barco en que ella viajaba fue atacado por su flota pirata frente a las costas de la isla de Lipo. Sadzar exige por su rescate mil coronas y Tavid ha jurado conseguir ese dinero y salvar a su hermana o morir en el empeño. Sin arredrarse por los rumores que había oído, se dirigió a Herdos para ofrecer sus servicios a los Ancianos Magos e intentar destruir el mal que domina Kazan-Oud a cambio del rescate de su hermana. Los Ancianos Magos accedieron a este precio, como habían accedido a los de otros antes de él, y le enviaron a través del escudo de energía rezando para que tuviera éxito. De esto hacía un año.
-Un hombre solo no será capaz de destruir a Zahda, el señor que manda en esta fortaleza, pues su poder es mucho mayor de lo que los Ancianos Magos imaginan. Yo lo he intentado y he fracasado. Dos veces he sido apresado y dos veces he escapado de este laberinto. Ahora mi único deseo es huir de esta fortaleza de pesadilla. Soy un superviviente, un fugitivo de la ley de Zahda, que ando vagando por estos túneles, pero presiento que se me ha agotado el tiempo.
Sacando su espada, Tavig se encamina a la salida y escudriña el corredor.
-Que la suerte te acompañe, extranjero -te desea y se marcha apresuradamente.
Le gritas que espere y te cuente más de lo que ha averiguado sobre Kazan-Oud, pero Tavig no te contesta y desaparece en el túnel.
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