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Apartas las cuerdas y entras en la pequeña cámara abovedada; pero apenas pones un pie en ella presientes un peligro. El suelo es blando y esponjoso y las cuerdas de la cortina se enrollan alrededor de tus hombros. Has penetrado en la guarida donde pone los huevos una hembra dakomyd.
Mientras el ácido que segregan las larvas corroe tu ropa y te abrasa la carne, oyes la distante carcajada de burla de la hembra dakomyd.
Tu vida y tu búsqueda acaban aquí.
