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Cabalgas toda la noche sin dormir. Sólo la luz de la luna ilumina tu camino y tu única compañía es el aullido del viento. Al aparecer en el horizonte las primeras luces del amanecer, divisas un pequeño poblado a menos de un kilómetro y medio de distancia. Un perro te ladra furioso cuando entras en las calles cubiertas de basura y te ves forzado a apartarle con la punta de tu bota, pues intenta morder las patas traseras del caballo.
Al otro lado del pueblo, donde la calzada atraviesa unas colinas dispersas, se alza una casa solariega. Un gran letrero, despintado por el viento y la lluvia, anuncia un curioso mensaje:
Si deseas pararte y preguntar en la casa solariega por el significado del letrero, pasa al 27.
Si decides no hacer caso del letrero y seguir tu camino hacia Amory, pasa al 146.
