La Piedra de la Ciencia

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Te agachas con gran rapidez para esquivar la daga que vuela silbando hacia tu pecho. Sigues con la mirada el reluciente acero, previendo con precisión su trayectoria. El pirata se queda atónito al verte apartarte en el momento exacto para que la hoja pase bajo tu brazo levantado. Entonces atacas al pirata que, acobardado por tu acción, está desprevenido. Antes de que pueda recuperarse, le tiras por la borda a las frías y profundas aguas del Storn.

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