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La flecha hiende el aire silbando en la oscuridad y abre un sangriento surco en el cráneo de la criatura. Esta aúlla de dolor y se lleva las zarpas a la herida. Pero no ha muerto, ni mucho menos, y da furiosos golpes con sus filadas garras manchadas de sangre, en un intento de arrancarte la cabeza. Te agachas a tiempo de evitar ser decapitado. Apresuradamente dispones a entablar un combate cuerpo a cuerpo antes de que el monstruo te de nuevo.
