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El posadero es un individuo gordo y grasiento con pequeños ojos de cerdo y una sonrisa torcida. De la muñeca lleva colgado mediante una cuerda un paño mugriento que utiliza para limpiar el mostrador. No parece preocuparle el hecho de que el paño no haga más que añadir grasa.
-Tiene suerte, amigo -dice buscando en los bolsillos de su delantal a rayas-. Nos queda una habitación libre, la número 17.
Saca una sencilla llave de hierro y la coloca sobre el mostrador.
-Son tres Coronas de Oro, por adelantado.
Pagas al posadero (no olvides deducir esas Coronas de la cantidad anotada en tu Carta de Acción) y deslizas la llave en tu propio bolsillo. Piensas acostarte temprano, pero los ruidos de tu estómago te recuerdan que necesitas comer.
Si deseas tomar asiento y encargar algo de cenar, pasa al 328.
Si decides tomar una comida (de la mochila) en la intimidad de tu habitación, dirígete hacia las escaleras y pasa al 219.4

