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Detienes el caballo bajo el ancho arco de piedra de la puerta sur. De una tronera de la muralla sale una áspera voz:
-Muestre su salvoconducto, caballero.
Oyes el rechinar de un cerrojo al ser descorrido y dos guardias de rostro atezado, con cotas de malla, hacen su aparición. Te miran recelosos y repiten la exigencia de que les enseñes tu salvoconducto.
Si decides decirles que no tienes salvoconducto, pasa al 55.
Si quieres tratar de sortearlos y cruzar al galope la puerta abierta de la ciudad, pasa al 261.
Si prefieres intentar sobornarlos para que te dejen entrar, pasa al 9.
