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El inmediato peligro te impide hacerte demasiadas preguntas sobre la razón por la que esos jinetes querían secuestrar a Cyrilus. Este no es rico ni poderoso y por él no hubieran podido pedir un elevado rescate.
Cuando llegas al pie del risco boscoso, divisas una iglesia y un cementerio en un lugar donde el camino tuerce bruscamente al oeste. Un joven, montado en un corcel negro como la noche, te cierra el paso. En su rostro pálido y desfigurado por las cicatrices resaltan unos brillantes ojos oscuros. Le reconoces inmediatamente: es Roark, el hidalgo al que derrotaste en la posada del Puente de la Cuba.
Si tienes un Broche de plata, pasa al 31.
Si no tienes ese objeto especial, pasa al 14.

