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Rechazas su propuesta y buscas otro medio de encontrar a Cyrilus. Las cuadras del pueblo están cerradas y vigiladas, pero en la parte trasera de la herrería descubres lo que necesitas. Un joven caballo pasea de un lado a otro del corral. Su silla y su manta están colgadas de la puerta. Al principio el animal se muestra receloso, pero pronto siente que no pretendes hacerle daño y no tienes dificultad en prepararlo para la monta. Una vez fuera del corral, rodeas al paso la herrería y te diriges hacia el camino.
