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Eliges un asiento cerca de un rincón: la mesa está puesta y desde allí se divisa claramente el local. Pronto aparece una camarera llevando una fuente con carne asada y sirve una generosa ración en tu plato.
-Por favor, señor, son dos Coronas de Oro -dice tendiéndote la mano.
Pagas (recuerda deducir esas Coronas de la cantidad anotada en tu Carta de Acción) y te acomodas para disfrutar de la cena. Mientras comes, se acerca a tu mesa el posadero. Es un individuo gordo y grasiento con pequeños ojos de cerdo.
-El mozo me dice que él cuida de su yegua. El animal está en buenas manos: nuestra cuadra es la mejor de todo Quarlen.
El hombre se apoya alternativamente sobre un pie y sobre el otro. Se encuentra incómodo en tu presencia.
-Desea tomar una habitación, supongo.
Terminas de tragar un bocado antes de asentir con un movimiento de cabeza.
-Tiene suerte, amigo -contesta con manifiesto alivio al ver que eres un huésped dispuesto a hacer gasto-. Nos queda una habitación libre, la número 17.
Saca del bolsillo de su delantal una sencilla llave de hierro y la coloca en la mesa junto a tu plato.
-Son 3 Coronas de Oro, señor. Y el pago por adelantado.
Pagas al posadero y deslizas la llave en tu propio bolsillo.
