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Es casi de noche cuando divisas una venta en el camino delante de ti. Dos antorchas sostenidas por herrumbrosos brazos iluminan el letrero clavado sobre la puerta:
Reconoces el nombre de la venta de la que Cyrilus te habló esa misma mañana y te entristece el haber perdido a tu compañero de viaje. Un trueno lejano retumba en las colinas cuando dejas en la cuadra el caballo y entras en el acogedor bodegón. Este está muy animado con la charla de comerciantes, el tintineo de vasos y el crepitar del fuego en el hogar. En el centro del local se alza un pequeño tablado sobre el que un prestidigitador realiza juegos de manos con gran deleite de los clientes.
Si deseas quedarte a contemplar al prestidigitador, pasa al 199.
Si quieres preguntar en el mostrador si tienen una habitación donde puedas dormir esa noche, pasa al 253.
