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Instintivamente te lanzas al suelo y ruedas por él. Al ponerte de nuevo en pie sacas tu arma. Tus rápidos reflejos te han salvado de las garras de un monstruo de nariz achatada que ataca a los incautos peregrinos que acuden a esa fuente. Sin embargo, no le asustas y con un horrible graznido y los ojos inflamados de odio avanza hambriento hacia ti.
Si tienes un arco, pasa al 198.
Si no tienes un arco, pasa al 343.
