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La estrecha callejuela empieza a descender bruscamente hacia los muelles y los enormes almacenes que bordean el río Quarl. El sol se ha ocultado ya detrás del horizonte y en las sinuosas calles y callejas de la lóbrega ciudad se encienden las farolas. Por la puerta abierta de una taberna sale el rojo resplandor del fuego de la chimenea, que tiñe de color los negros y grasientos adoquines del suelo.
Después de cabalgar un minuto escaso, una procesión de hombres que avanzan cuesta arriba hacia ti te cierra el paso. Van vestidos con capas rojas y negras capuchas y llevan grandes velas de color escarlata cuyas llamas vacilan a la fría brisa del anochecer.
Su jefe es un hombre alto, con ojos grises de dura mirada que fija en ti mientras alza lentamente las manos. La procesión se detiene.
-¿Eres creyente o no creyente? -te pregunta gritando con una voz tan penetrante como su mirada.
Si has estado alguna vez en el templo enterrado de Maaken, pasa al 294.
Si deseas responder que eres creyente, pasa al 108.
Si deseas responder que no eres creyente, pasa al 67.

