El Desierto de las Sombras

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Un ruido apagado de pies que se arrastran sigilosamente te avisa que no estás solo. Giras en redondo y te agachas disponiéndote a entablar combate. Es esta reacción automática ante el peligro la que te salva de un dardo envenenado que ha sido lanzado con una cerbatana. Cuando el diminuto proyectil se clava en la capucha de tu capa ves al guardia que ha disparado, que mete la mano en una bolsa cargada del cinturón para extraer otro dardo. Detrás de él hay otros dos guerreros armados con incisivos tridentes. Los tres te bloquean el paso desde el vestíbulo.

Si deseas atacarlos antes de que el primero vuelva a cargar su cerbatana, pasa al 168.

Si no quieres atacarlos y decides tratar de esquivar el segundo dardo, pasa al 118.

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