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Corres por el pavimento enlosado, pero pronto te ves obligado a detenerte. En el otro extremo de la calle aparecen soldados a caballo que gritan y cargan contra ti de tres en fondo. Maouk profiere una maldición. Te sorprende lo cerca que suena su voz, como si se encontrara a un paso detrás de ti. Giras en redondo para enfrentarte a él, pero compruebas que está en el mismo sitio en que hizo su aparición. Levanta un dardo que sostiene en una mano y, maldiciendo de nuevo, lanza el proyectil contra ti.
