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Atraviesas el arco a todo correr, sin perder de vista a los guardias que siguen bebiendo. El polvo se está posando. Si ahora se volvieran, te verían sin duda. En tu apresuramiento no reparas en una estatua de piedra que se alza cerca de la muralla y tropiezas en ella con una rodilla. Sofocando un grito de dolor, llegas cojeando a los jardines del Palacio y te escondes detrás de un frondoso arbusto de kasl. Pierdes 1 punto de RESISTENCIA a causa de la herida, pero al menos has logrado entrar sin ser visto en el Gran Palacio.
