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Sueltas la cuerda del arco y la flecha cruza el aire hacia el blanco. Sin embargo, has calculado mal la distancia y la flecha se queda corta, yendo a estrellarse contra las losas del puerto y alertando a los hombres de Maouk, que descubren dónde te encuentras. Te dispones a escapar, pero la pequeña barca es rápidamente rodeada y te ves obligado a rendirte.
Cuando los sharnazim de negro uniforme te arrastran por el muelle, temes que tu vida halle un súbito final.
