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Te despiertas con una gran desazón.8 Sientes todos los músculos de tu cuerpo doloridos y magullados. Te fuerzas a abrir los ojos, entorpecidos por el sudor, y miras horrorizado el lóbrego lugar que te rodea. Yaces sobre el duro suelo de piedra de una celda de la prisión. En la pared del fondo, debajo de una ventana enrejada con barrotes de hierro, hay un catre de madera cubierto de mugrientos andrajos. Cucarachas, algunas del tamaño de ratones de campo, se escabullen por un canalillo maloliente que desaparece entre unas rejas del suelo.
Descubres que tienes las manos libres y poco a poco te incorporas sentándote y apoyando la espalda contra la puerta de la celda. Una débil corriente que procede del corredor exterior proporciona el único alivio del asfixiante calor y del aire viciado de la celda. A lo lejos se oyen pasos que se acercan, luego rechinar de llaves y chirriar de goznes. Una puerta se cierra con un golpe sordo. Pasos que se vuelven más ruidosos. Se detienen ante la puerta de tu celda y una sonora voz grita:
-¿Durmiendo en tiempo de servicio, Sefrou? Si el capitán te descubre, despertarás al otro lado de esta puerta.
Una silla es arrastrada y una voz sobresaltada y llena de indignación replica:
-¡Maldito seas, Hadj! El Zakhan no quiere que el nórdico sea llevado al Salón del Trono hasta el atardecer. Me has robado dos horas de sueño.
-¡Cierra el pico, Sefrou! -gruñe la primera voz-. Y escucha con atención. Vengo de la armería. Al nórdico le han encontrado algunos objetos interesantes que valen un montón de dinero. Es una pena desperdiciarlos, ¿no te parece?
Los codiciosos guardias ríen entre dientes y comentan durante un buen rato lo bien que van a pasarlo en la ciudad cuando hayan vendido tu equipo.
-Voy a echar un vistazo a nuestro amigo -dice uno de los guardias-. Me pregunto si estará disfrutando de nuestra hospitalidad.
Una mirilla se abre sobre ti y oyes una exclamación de sorpresa.
-¡Se ha escapado! ¡Por el Majhan, nos cortarán la cabeza!
De pronto comprendes que, estando tan cerca de la puerta, los guardias no pueden verte.
-¡Déjame ver! -dice el otro guardia, impaciente por mirar él mismo.
Oyes el «clic» de la llave en la cerradura. Podría presentársete una oportunidad de escapar.
Si deseas atacar a los guardias en cuanto abran la puerta, pasa al 138.
Si prefieres apartarte de la puerta y ponerte de pie en el centro de la celda, pasa al 85.
