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Separas los colgantes de cuentas de la cortina que cubre la entrada y penetras en el fresco interior. El brazo sin vida que te cuelga fláccido a un lado ha tomado una coloración azulada. Vuelves a sentir miedo: debes encontrar la hierba oede para curarte esa enfermedad o perderás el miembro entero y posiblemente la vida.
Detrás del mostrador hay una mujer. Tiene unos vivos ojos verdes y lleva el rojizo pelo recogido en un moño que se sujeta con aros de jadin.
-Bienvenido, nórdico -dice con voz suave y clara-. ¿En qué puedo servirle?
Vacilas antes de responder.
-Oede.
Sus ojos se estrechan y se fijan en tu brazo dañado.
-No puedo ayudarle -dice con pesar-. Oede es hoy una hierba muy rara y preciosa. Tendría que vender mi tienda y todo lo que poseo para poder comprar una bolsita de oede. Sólo hay un hombre en Barrakeesh lo suficientemente rico para tener esa hierba: el Zakhan.
Al aumentar tu temor, gotas de sudor aparecen en tu frente.
-Lo poco de oede que pueda haber -continúa la mujer- se guarda bajo llave en el Gran Palacio.
Le preguntas si existe alguna otra hierba que pueda curarte el brazo. Ella niega moviendo la cabeza de un lado a otro.
-Sólo la hierba oede cura la gangrena, y sólo la hallará en la cámara acorazada de la farmacia imperial.
De detrás del mostrador saca tres frascos de cristal, cada uno de los cuales contiene un líquido coloreado.
-Estas pociones no le curarán, pero le aliviarán el dolor durante algunas horas.
Si deseas examinar las pociones, pasa al 27.
Si decides ignorarlas, salir de la tienda y continuar caminando por la calle, pasa al 160.
