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Saltas hacia el primer guerrero, fingiendo un golpe que le hace echarse a la izquierda. Te adelantas a su movimiento y le hieres antes de que pueda reaccionar. Se agacha y se sumerge en el fangoso líquido, llevándose las manos a la herida. Los otros vacilan y después retroceden.
De repente una voz resuena en el túnel.
-¡Dejádmelo a mí, estúpidos!
De las sombras surge Maouk, sosteniendo en alto un dardo con una mano. Profiere una maldición y te lanza el proyectil al pecho.
