54
Empiezas a bajar con rapidez los escalones de la entrada del edificio de los baños, que da al «Saadi-tas-Ouda», a la Plaza de la Muerte. Negras losas cubren el suelo de la plaza y en cada una de ellas hay clavada una larga pica de hierro. Desde la escalinata de los baños, la plaza parece el lomo de un enorme puerco espín. Pero cuando llegas al pie de la escalinata descubres que el Saadi-tas-Ouda alberga en realidad algo mucho más siniestro.
Hincada en cada una de las picas hay una calavera humana: eso es todo lo que queda de los piratas, asesinos, traidores y ladrones que han sido sentenciados a muerte. El horripilante espectáculo sirve de advertencia a quien intente desafiar la ley del Zakhan.
Al alcanzar el otro lado de la plaza te rozas con una de las picas. La manga de tu jubón se mancha de sangre fresca de color rojo oscuro. Alzas los ojos, maldiciendo tu mala suerte, pero la visión que contemplas te hace enmudecer.
Empalada en el extremo de la pica de hierro está la cabeza del emisario de Vassagonia. A sus lados corren la misma suerte las cabezas de todos los tripulantes de la galera. En sus frentes ha sido grabada a fuego una palabra: TRAIDOR. Te invade un miedo creciente y apartas la mirada de esos ojos sin vista, echando a correr hacia las concurridas calles del Mikarum, el distrito donde viven los comerciantes de especias y de hierbas.
Al final de una calle estrecha y sinuosa llegas a un cruce. Enfrente de ti hay una tienda con un brillante letrero rojo sobre la puerta:
Si necesitas la hierba oede, pasa al 68.
Si no necesitas esa hierba, pero aun así decides entrar en la tienda, pasa al 154.
Si decides continuar por la nueva calle que conduce hacia el Gran Palacio, pasa al 179.

