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Hasta donde puedes ver, un largo y recto corredor de piedra desciende en declive delante de ti. En las paredes crepitan y chisporrotean antorchas que iluminan los pictogramas grabados en la amarillenta roca.
A intervalos regulares sobresalen en el corredor principal toscas losas. Te detienes a examinar más de cerca una de esas losas y el suelo debajo de ella y llegas a una aterradora conclusión. Son trampas, sin duda alguna accionadas involuntariamente por los giaks cuando sacaban arena de ese corredor. Los señores de la Oscuridad, lejos de instruir a los giaks para que evitaran esas trampas, les han utilizado deliberadamente para hacerlas saltar. Una vez que las trampas han saltado, los cuerpos aplastados de los giaks y las losas han sido retirados para poder pasar a la siguiente sección. Los hoyos-trampa parecen haber sido neutralizados del mismo modo. Puestos al descubierto por infortunados giaks, han sido rellenados con sus cadáveres y nivelados con arena. La sola idea de esta despiadada barbarie te llena de espanto.
Después de adentrarte un kilómetro y medio por el corredor, llegas finalmente ante una gran puerta de piedra. La piedra que la rodea muestra señales de haber sido golpeada, pero la puerta en sí está intacta.
Observas un rayo de luz que procede de un agujero del techo y forma en el suelo un círculo luminoso junto a otro agujero similar. En la pared, al lado de la puerta, hay una muesca triangular, no mayor que una Corona de oro.
Si tienes un Prisma, pasa al 233.
Si tienes un Triángulo de piedra azul, pasa al 245.
Si no tienes ninguno de esos objetos, pasa al 298.
