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Arremetes contra la tambaleante figura del señor de la Oscuridad Haakon enarbolando tu arma para asestarle un golpe mortal. No obstante, al bajar el brazo, recibes en él el impacto de un puño enfundado en un guantelete. La muñeca te empieza a sangrar, los dedos se te agarrotan y el arma se te cae de la mano. Haakon te golpea de nuevo, esta vez en el pecho, arrojándote hacia atrás a través de la cámara. Tratas desesperadamente de mantener el equilibrio, pero el combate ha terminado: Haakon ha recuperado la candente piedra. Lo último que ves antes de ser consumido por la llama abrasadora es la perversa mueca de triunfo del señor de la Oscuridad.
Tu vida y las esperanzas de Sommerlund hallan así un trágico final.
