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Por desgracia has calculado mal y no has soplado con la suficiente fuerza para que el dardo alcance el blanco pretendido. El dardo somnífero se queda corto, yéndose a clavar fortuitamente en una gaviota que se había posado en el borde de la plataforma de aterrizaje. El infortunado pájaro da unos pocos pasos tambaleándose antes de caer boca arriba con las patas extendidas y rígidas apuntando hacia el cielo.
El guardia se acerca al pájaro y con la punta de la bota lo tira por encima del borde de la plataforma. Luego se queda mirando cómo el ave se precipita hacia los jardines del Palacio que se divisan allá abajo, sin darse cuenta de que acaba de escapar de un destino similar.
