El Desierto de las Sombras

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Camináis penosamente sobre la suelta arena rojiza. Lleváis la cara cubierta para protegeros del polvo y del ardiente calor. El paisaje es severo y desolado. Lo único que parece crecer allí es una hierba dura como alambre que os araña las botas y los calzones. Pronto cruzáis el lecho seco de un río que conduce a una cueva en la ladera de piedra anaranjada. Un tablón cierra la boca de la cueva, pero no entendéis las extrañas palabras escritas en su superficie calcinada por el sol.

Si deseas explorar la cueva, pasa al 235.

Si prefieres seguir hacia Ikaresh, pasa al 272.

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