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Poco después del amanecer del día siguiente despiertas con un horrible dolor de cabeza. Con ojos borrosos miras a tu alrededor a los enanos que roncan en diminutos camastros del pequeño camarote. El sordo zumbido del barco aumenta la jaqueca que como un demonio te atormenta la cabeza, haciéndote gemir y apretar los dientes al menor movimiento de tus miembros agarrotados y doloridos. Pierdes 2 puntos de RESISTENCIA a causa de esa monstruosa resaca.
Penosamente recoges tu equipo y subes a cubierta. Todo se encuentra en sombra, pues la Nave del espacio vuela bajo un enorme afloramiento pétreo que sobresale de la ladera de una montaña. Banedon continúa en pie junto al timón, pero ya no está en trance.
-Jinetes de kraans -te dice señalando un calcinado valle más allá de la zona de sombra-. Llegaron al amanecer.
Contemplas el extraño paisaje, un valle entre montañas con miles de columnas formadas por grandes peñascos que se sostienen unos sobre otros en precario equilibrio. Las columnas son tan altas que parece inevitable su derrumbamiento. Los vassagonianos llaman a este lugar los Koos, las Agujas. Posados sobre dos de esas gigantescas columnas rocosas hay varios kraans. Los drakkarim que los montan exploran el valle con catalejos. Transcurre una hora antes de que alcen el vuelo y desaparezcan.
-¡Largad velas, contramaestre Nolrim! -ordena Banedon con voz apenas audible sobre el creciente zumbido de la Nave del espacio-. Nos espera una veloz carrera.
Si posees un Cubo de cristal negro, pasa al 229.
Si no posees ese objeto especial, pasa al 247.

