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Has dado la vuelta a la mitad de la torre cuando un trozo del saledizo de piedra empieza a desmoronarse bajo tus pies. Instintivamente saltas hacia un lado y extiendes los brazos a tiempo de agarrar una parte firme del reborde. El vacío debajo de ti te causa terror, pero el terror te da el ímpetu y la fortaleza que necesitas para encaramarte de nuevo al saledizo. Te sangran los dedos magullados, pero sigues vivo, aunque pierdes 1 punto de RESISTENCIA.
