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En la calle hay un cuartel, a unos cuarenta pasos de donde estáis: un largo edificio de paredes blancas con feas ventanas cuadradas. Un soldado dormita sentado al sol de la tarde, sujetando una lanza entre sus piernas. Unos niños le tiran huesos huecos de frutos de larnuma intentando introducirlos por la punta de la lanza. Enfrente del cuartel hay una taberna. Ante su puerta principal una hilera de douggas ensillados están atados a una barandilla.
Los relinchos de esos caballos del desierto rivalizan con el alboroto que sale de la taberna.
Si quieres entrar en la taberna, pasa al 351.
Si deseas continuar andando por la calle hacia el mercado Dougga, pasa al 202.
