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La habitación se mueve a tu alrededor, primero imperceptiblemente, pero al cabo de unos minutos los enanos y el camarote se han convertido en una mancha borrosa de color. Te agarras a la mesa. Tienes blancos los nudillos y luchas para sobreponerte a la sensación de vértigo que te invade. Los sonidos parecen distantes, como ecos en una cueva. De repente el torbellino cesa y la oscuridad envuelve tus sentidos. Caes inconsciente al suelo.
